Como el instante exacto en que el sol desaparece: un aro de plata que se abre en la cima para dejar salir el fuego. Ahí, sujeta en un engaste chapado en oro, una esmeralda colombiana en bruto de casi 17 quilates — cruda, tal como salió de la tierra, sin pulir ni domesticar.
Solo existen dos coronas como esta. Su gemela ya encontró dueña. Esta es la última.
Venta privada — próximamente
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